Nuestro Cine es un Acto Político

Nuestro Cine es un Acto Político

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MUESTRA DOCA 2016

EDITORIAL  X  ANIVERSARIO

Nuestro Cine es un Acto Político

“No es un film, sino un conjunto de filmes en evolución,
Que dará por fin al público,
La conciencia de su propia existencia”
Glauber Rocha

En esta 10º Muestra de Documentales DOCA, a una década de aquella que inauguráramos con la premisa “Una idea en la cabeza, una cámara en la mano”, volvemos a Rocha, gran referente del Cine Latinoamericano, para tomar estas nuevas palabras y repensar esa idea y ese medio en función de un fin que trasciende la obra individual de cada documentalista y que apunta a nuestra transformación, la de nuestro público, la de nuestros protagonistas, en definitiva, la transformación de nuestra realidad.

Esta edición de nuestra Muestra DOCA invita a mirar y pensar nuestras obras como el resultado de una genealogía del cine documental de América Latina del que somos herederos y herederas; propone trazar un recorrido histórico que encuentra las huellas de las luchas de nuestros pueblos retratadas en las imágenes de Fernando Birri, de Raymundo Gleyzer, de Juan Sapire, de Jorge Sanjines, de Gerardo Vallejo, que hoy se actualizan en nuestras miradas y en nuevas imágenes. Un recorrido histórico y circular, que revisita como en un deja vu espectral, las mismas heridas abiertas.

En este ¿nuevo? contexto latinoamericano, en el que gobiernos e instituciones se afanan de su pretendida condición democrática para ejecutar, ya no mediante la coerción sino a través de un proclamado consenso, las mismas políticas represivas y colonialistas que estallaran como denuncia en la poesía exuberante y descarnada de aquellos y aquellas documentalistas que allanaron nuestro camino, volvemos a tomar la cámara para abrir los ojos a nuevas imágenes de hombres y mujeres, conflictos y realidades, batallas y victorias del pueblo, sistemáticamente negados e invisibilizados.

Nuestro reconocimiento como documentalistas en tanto sujetos históricos partícipes de la transformación de nuestro tiempo y la organización en el sector documental en torno a la conformación de un colectivo que nos define asimismo como sujetos políticos -retomando aquella tradición del documental social y militante-, ha sembrado sus frutos a los largo de estos 10 años. Muchas cosas pasaron desde aquella primera muestra, que intentaba dar cuenta de las historias nunca reconocidas, ni como constituyentes de nuestro pueblo ni como patrimonio de nuestra cultura. Hemos denunciado la adjudicación discrecional y arbitraria de los fondos públicos del Instituto Nacional de Cine, hemos luchado por la transparencia y la democratización en el reparto de esos fondos, obteniendo una fundamental victoria en la implementación, por primera vez en la historia del cine de nuestro país, de un fondo de fomento público para los y las documentalistas independientes, con comités transparentes y democráticos integrados por realizadores. Hemos defendido la libre circulación de nuestras imágenes y el derecho a realizarlas, en la campaña por la libertad de Elena Varela, la documentalista chilena detenida por denunciar los crímenes del Estado Chileno contra la Nación Mapuche. Nos solidarizamos con la lucha del pueblo colombiano e instalamos, mediante sucesivas proyecciones, el debate sobre las FARC, hoy nuevamente actual en nuestra región por el acuerdo de paz en Colombia. Así como fuimos canal de circulación y debate, a través de nuestras obras, de los avatares de los que ha sido protagonista nuestro pueblo en los últimos 10 años.

Tal como nos recuerda Rocha, es la creación y puesta en acto de este conjunto de films, que dará al publico la conciencia de su propia existencia, el verdadero sentido tras el cual nos organizamos, creamos un colectivo y lo sostenemos a fuerza de militancia durante una década para afianzar una producción cada vez mayor de documentales, no porque en la cantidad esté la calidad; no solamente por eso, porque eso implicaría adscribir meramente a un fin estético, medido con la vara de una elite artística siempre eurocentrista, burguesa y patriarcal. Alentamos la apertura del camino de la exhibición hacia todas las pantallas, no porque en la suma de espectadores se mida el valor de una película documental, porque eso implicaría caer en la trampa de la cuantificación mercantilista de las audiencias. Nos organizamos para producir y exhibir más y mejores películas porque en ese conjunto de films se pondrá en disputa finalmente la constitución de una nueva subjetividad.

Hoy, 10 años después de aquella primera muestra, volvemos a las pantallas -a 40 años del Plan Cóndor, a 15 años del levantamiento popular del 19 y 20 de diciembre de 2015, a 10 años de la segunda desaparición de Julio López, a horas del asesinato de algún pibe por las balas policiales-, con estas nuevas imágenes que muestran el regreso fantasmagórico de un reciclado neoliberalismo, de una eficaz e higiénica represión institucional, de legalizadas desapariciones; pero también de una renovada resistencia, que pone en marcha en cada película documental la lucha por el derecho de los pueblos a producir y ver estas imágenes, consolidando un cine sobre y desde las bases; que lucha por transformar aquella realidad que registra.

Porque no hay imagen que no sea toma de posición del sujeto histórico que la produce sobre el mundo que mira, reafirmamos hoy, como ayer y siempre, que nuestro cine es un acto político.

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