“Cuba es una sociedad que da ganas de mostrar al mundo”Entrevista con Fernando Krichmar, director de “El camino de Santiago”.

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7 diciembre, 2015
Martín Dianda

El director Fernando Krichmar presentó en 2014 “Seré Millones”, uno de los documentales más vistos de ese año basado en el robo al banco BANADE. Por estos días se puede ver en el cine Gaumount El camino de Santiago, su nuevo trabajo dedicado a la gran obra audiovisual del cineasta cubano Santiago Álvarez.

Empezó a viajar a Cuba allá por el 2000 y tres años después quedó efectivo en la Escuela de Cine de San Antonio de Los Baños. Krichmar descubrió que sus compañeros, cineastas y técnicos cubanos de primer nivel, se habían formado en el noticiero ICAIC Latinomericano, el informativo del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) que surgió a menos de tres meses de que Fidel Castro llegara al poder.

— A Santiago Álvarez se lo señala como un cineasta con criterios periodísticos y creo que es poco, ¿puede ser enmarcado como un comunicador audiovisual?
— Él no diferenciaba periodista y documentalista, hablaba en forma indistinta de ambas cosas. Es una síntesis superadora la que mencionás. Era un artista que tenía un ritmo de trabajo febril, el equipo recuerda que dormía 3 horas, que los hostigaba para trabajar y todo el mundo lo seguía, donaban su tiempo a la Revolución.

— ¿Por qué se presentó su obra con el título de panfletaria cuando esa suele ser una mala palabra?
— Para él era más fácil, a nosotros nos acusaron siempre de panfletarios. Acá te dicen “estoy en una búsqueda más estética, no tan política“, como si una película política no tuviera decisiones estéticas. Nosotros tenemos nuestra estética, búsquedas y formación. Decíamos para provocar que éramos panfletarios, pero ver que él también ya lo hacía, nos dio cierto alivio.

— Los trabajos de Santiago están impregnados de mucho humor, hay informes del noticiero que podrían ser parte de programas actuales.
— El uso del humor tuvo que ver con una posición estético-política de él, de utilizar algo muy propio del acervo cubano y latinoamericano. En la sociedad cubana la cultura pasó de una elite pequeña a ser masiva, la Revolución hizo que las entradas al cine se volvieran muy económicas pero la gente pagaba la entrada para ver solo el noticiero o se quedaba después de la película para verlo otra vez. Fue un fenómeno de comunicación popular en un momento en que las masas cubanas estaban ávidas de esa información.

— En Argentina ahora se nota una mayor presencia del humor en los documentales, ¿qué análisis haces de esto?
— Mucha gente cuando aborda temas que tienen que ver con el pasado tremendo de la última dictadura tiene una idea de aplicar un tono ceremonioso, luctuoso, centrado en la tortura y las persecuciones. Se dejaba de lado, creo que por cuestiones políticas y de no compresión, lo que fue una generación alegre que dio la vida por sus ideales. Ahora se experimenta más, el género documental permite eso porque uno se juega menos que en la ficción. Es menos industrial, más libre. Una forma de hacer atractivo el documental es parodiar, mostrar la contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.

— Te nombro los documentales Arriba los que luchan, Rebeldes y así seguimos y El Crazy Che (aunque este no trate sobre el Che Guevara) ¿Por qué se presentaron tantos documentales relacionados con Cuba en este año?
— Para mí Cuba es la única experiencia socialista que hubo en Latinoamérica, te sorprende el nivel cultural que tiene ese pueblo, lo distinto que viven a lo que es la alienación y presión que uno sufre con el capitalismo. Es una forma más civilizada de vida. La que vivimos acá tiene mucho que ver con los intereses de las corporaciones, con un aparato mediático que te lleva a elegir tu propio sometimiento. Los cubanos tienen mayor apertura intelectual, es una sociedad que da ganas de mostrar al mundo.

— En tu documental, en paralelo a la historia de Santiago, se ve a un grupo de jóvenes cubanos que se juntan para hacer una edición actual del noticiero ICAIC, ¿qué te llevó a decidir eso?
— Todo aquel que llegaba a la puerta del ICAIC y quería hacer cine se lo encajaban a Santiago. Él los llevaba a filmar la recolección de la basura en algún barrio y eso para alguien que quería ser un cineasta como Visconti o Fellini era shockeante. Esa misma idea de descolocar es la que nos llevó a elegir jóvenes ligados al cine de ficción, para que primero se encontraran con la obra de Santiago, luego con los asesores que se formaron con él y por último que salieran a la realidad. Fue ideal el tema que eligieron, el 1 de Mayo, un tema candente en Cuba.

— ¿Cómo describirías a Santiago Álvarez?
— Fue alguien muy humilde y sencillo. Fue un obrero en las minas de carbón de Estados Unidos, vivió de cerca la discriminación del negro y el latino, sufrió la represión y persecución de la dictadura de Fulgencio Batista. A los 40 años empezó a hacer cine. Nunca dio clase ni escribió teoría, le decían “maestro” y se enojaba. No tenía necesidad de ubicarse él mismo como gran artista.

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