Detrás de cámara: El Camino de Santiago

Detrás de cámara: El Camino de Santiago

Por Izquierda Diario
El jueves 3 se estrenó el documental El camino de Santiago, sobre la obra del cineasta cubano Santiago Alvarez. Su director Fernando Kirchmar y su productora Alejandra Guzzo hablan acerca de sus motivaciones para esta realización.

¿Cómo surgió la idea de “El camino de Santiago”?

Fernando Kirchmar: Ya conocíamos de nuestra formación la inmensa obra documental de Santiago Alvarez antes de viajar por primera vez a Cuba, documentales como Now, LBJ, 79 Primaveras, Hanoi martes 13 y muchos otros de sus más de 80 documentales nos habían sorprendido en Argentina, pero con lo que nos encontramos al viajar a Cuba e integrarnos al cuerpo docente de la Escuela de San Antonio de los Baños fue que casi todos nuestros compañeros (luego casi todos grandes amigos) se habían formado en las filas del noticiero ICAIC latinoamericano bajo la batuta de Santiago. Este noticiero, del que se hicieron 1500 ediciones tenía tremendos valores artísticos y era la “fragua” en la que se preparaban los documentales de Santiago y donde Santiago “formaba” su equipo. La idea entonces fue que los grandes directores, artistas y técnicos que se formaron con él pudieran hoy en día hacer un noticiero homenaje en la Cuba actual pasados más de 15 años de la desaparición del maestro. Daniel Díaz Torres y Fernando Pérez nos dieron la idea “Y si mejor buscamos un grupo de jóvenes, les mostramos los viejos noticieros y documentales y los asesoramos en la tarea”. Y allí arrancamos.

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La obra de Santiago Alvarez es muy grande. ¿Cómo fue el trabajo para seleccionar el material de archivo?

Alejandra Guzzo: El trabajo fue primero que nada sorprendente y muy placentero. Es una pena que no puedan entrar tantos noticieros en el corte final de la película, al verlos uno a uno, se puede tomar conciencia de lo que es una revolución reuniendo a tantos jóvenes entusiastas registrando en su realidad todos los momentos. Sorprende ver como tenían tiempo para los registros heroicos, dentro de Cuba, en Vietnam, en Latinoamérica, y al mismo tiempo y con la misma pasión registra por ejemplo por qué en la famosa cadena de helados cubana llamada Copelia había que esperar que se termine el helado de vainilla para poder comprar un helado de chocolate. (sabiendo que para el cubano tomar helados todo el tiempo es ya casi una cuestión política). Para desde lo micro, apasionarse por su sociedad, criticar y profundizar en proceso, de eso se trataba, hasta en algo mínimo estaba esa pasión y por eso elegir y discutir qué noticieros debían ir, fue para nosotros toda una tarea.

FK: Partimos de los noticieros que eran una crítica a la vida cotidiana de la Revolución, un tipo de materiales que gustaba mucho al cubano de a pie que muchas veces se quedaba en el cine para rever estos noticieros plenos de un humor ácido y llenos de recursos expresivos. Sabíamos que estos materiales iban a impactar positivamente en los “jóvenes” realizadores que queríamos entusiasmar y alentar a que se manejen con libertad en una sociedad que muchas veces por imperio de la situación de guerra militar y psicológica a la que lo sometió por más de 50 años el imperialismo norteamericano, muchas veces no se permitía ninguna “crítica”. En ese sentido se sorprendieron mucho con los materiales tan osados desde la forma y el contenido. El resto tratamos de ubicarlo en los más de 80 documentales de Santiago tratando de priorizar los menos conocidos y los que dieran cuenta del tremendo internacionalismo de Santiago, que viajó con su equipo 14 veces en plena guerra a Viet Nam, fue testigo presencial del proceso chileno de Allende y el sangriento golpe que lo derrocó, de la asunción de Héctor Cámpora en el ´73, del terremoto del Perú en 1970 y por supuesto de todos los hechos claves de la revolución cubana. Fue difícil ya que el material era interminable pero teníamos muy claro el recorte que debíamos hacer, tanto para que vean los jóvenes como para dar una mínima cuenta de la obra de Santiago.

¿Cómo fue la experiencia de trabajo con los jóvenes realizadores cubanos?

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FK: Creo que fue in crescendo, ninguno de ellos venía del cine documental y la idea era “reproducir” lo que pasaba cuando un joven en los 60 llegaba al ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria cinematográficos) e inmediatamente era pasado al noticiero bajo las órdenes de Santiago. Ese proceso se debía dar en una semana antes del rodaje y cada día a medida que veían la obra y los noticieros crecía el entusiasmo de saber que ellos como “producto” de la revolución estaban absolutamente capacitados para exponer sus ideas con absoluta libertad y así lo hicieron. Además estaban conmocionados de ser asesorados por algunos de los mejores directores, sonidistas, montajistas, fotógrafos y técnicos del cine cubano de todos los tiempos. Y para nosotros fue realmente un placer trabajar con estos jóvenes, nos enriqueció tremendamente y nos dio una perspectiva nueva de una sociedad en revolución.

AG: A nivel personal para mí lo más importante del trabajo con estos jóvenes es que salieron de su micro-clima habitual, como egresados de la EICTV algunos o del Instituto Superior de Arte ( ISA) y por el tránsito que les propusimos con el documental, salieron a los barrios más populares de La Habana, aprendieron a oir a la gente simple, sencilla, trabajadora y aprendieron a no prejuiciar. En una de las escenas finales de la película ellos fueron a mostrar su corto homenaje a viejos revolucionarios, hombres y mujeres la jubilados del barrio obrero de Pogoloti, entraron al lugar un tanto desconfiados , temiendo que los viejos combatientes les bajaran línea y les hablaran en forma dogmática. Al terminar la proyección, se sentían totalmente emocionados, porque gracias a nosotros, unos documentalistas extranjeros, habían sido capaces de ir a esa parte de la ciudad y aprender de algún modo, aspectos de su sociedad y su gente que no conocían. Por tanto para nosotros, la transformación que estos jóvenes fueron teniendo a lo largo del rodaje fue lo más importante.

En la película se difunde la experiencia cubana de expropiación de la industria del cine al calor de la revolución. ¿Qué rescatan de esta experiencia como ejemplo para la actualidad?

FK: Es claro que para el imperialismo, la industria cinematográfica es una arma letal. A través de ella “subjetivan” a las masas para que acepten su dominación y su supuesta “infalibilidad”. Sus valores de individualismo y de violencia. Una revolución verdadera -como dice Fidel Castro casi al inicio de la película- no podía menos que expropiar las empresas y las salas, y ponerlas al servicio del pueblo. Y eso fue lo que se hizo. O sea que el ejemplo para la actualidad es luchar contra el imperialismo y por la revolución socialista, la expropiación y la creación de un nuevo cine será seguramente un efecto secundario de la misma.

AG: El mayor ejemplo hacia el futuro es que sólo se logran cambios radicales dentro de un proceso revolucionario.
Solo una revolución verdadera enfrentaría una de las armas más poderosas del imperio, su cine.
El tema es que cuando uno ha vivido en Cuba junto a los cubanos y cubanas, sabe que hablar de revolución es hablar de algo muy serio, muy complejo que se construye todos los días. Y mantenerla en pie es el gran desafío una vez que se toma “el cielo por asalto”. Sumado a esto que no es poco, no se puede hacer en un solo país, Cuba ha resistido en una enorme soledad que sólo les ha traído enormes sacrificios a ese pueblo. El homenaje a ellos y ellas sería hacer una revolución, y dentro de ella por supuesto ocuparse del tema de la distribución y exhibición cinematográfica imperialista claro está, pero primero hay que lograr esa revolución.

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